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Base
Genética
Las
células del perro contienen en su núcleo 39 pares
de cromosomas, el conjunto de cromosomas que lleva los genes constituye
el patrimonio genético, o genoma, es decir todo el programa
que condicionará su morfología y una buena parte
de su comportamiento. El hecho de que los cromosomas estén
presentes en forma de pares, se debe a que una mitad se hereda
del padre y la otra de la madre (alelos).
Puede
suceder que estas dos "voces" razonen de manera idéntica
dando a la célula la misma orden, en cuyo caso el individuo
se denomina homocigota para el carácter considerado; existen
caracteres dominantes y caracteres recesivos así es que,
por ejemplo, el color negro (B) predomina sobre el marrón
(b) para el pelaje. Ante un perro de color marrón, es fácil
adivinar su genotipo, que sólo puede ser b/b, puesto que
el carácter recesivo marrón sólo se manifiesta
en el estado homocigota: para los genes recesivos, el fenotipo
(lo que vemos) es un buen reflejo del genotipo.
Por el contrario, el fenotipo "pelaje negro" puede corresponder
dos genotipos diferentes, B/b (heterocigota) y B/B (homocigota);
en el primer caso, el perro es negro pero portador de un alelo
marrón que podrá transmitir a su descendencia; en
el segundo, el perro negro homocigota transmitirá obligatoriamente
uno de sus dos alelos B a su descendencia, la cuál será
entonces uniformemente negra en la primera generación,
cualesquiera que sean los alelos aportados por su patrimonio genético.
Taras Genéticas
De
acuerdo a Roy Robinson todas las taras genéticas surgen
de una mutación genética no inmediata en un momento
de su pasado y en su mayoría son debidas a genes recesivos.
En la actualidad existen no menos de 250 anomalías hereditarias
que afectan a la especie canina; entre ellas alrededor de 90 son
causadas por un gen recesivo, 15 por uno dominante y 45 por varios
genes que actúan de manera conjunta.
Las taras relacionadas con un gen recesivo sólo se manifiestan
cuando el gen es homocigota y no se va a expresar en el individuo
heterocigota, pero éste, denominado "portador sano",
podrá transmitirla a su descendencia . Las medidas de prevención
de la emergencia de una enfermedad de este tipo pasan por un buen
conocimiento de la genealogía del candidato a la reproducción,
teniendo como objetivo final la erradicación de dicha enfermedad.
Para
las enfermedades causadas por un gen dominante no existen los
portadores sanos, por lo que es fácil luchar contra la
extensión de la enfermedad excluyendo simplemente a todos
los animales enfermos de la reproducción. Sin embargo,
algunas afecciones, pueden aparecer tardíamente en la vida
del perro, a veces después de que se ha reproducido, lo
cual explica la persistencia de la enfermedad en algunas razas.
Por
último, otras afecciones se deben a varios genes concomitantes;
cada uno de los cuales se expresa de manera demasiado débil
como para poder desencadenar la enfermedad. Es entonces el conjunto
de genes desfavorables, conbinado con errores en el modo de vida
del perro (desequilibrio alimentario, exceso de ejercicio, etc.),
lo que permitirá por sus acciones sinérgicas y acumulativas
la manifestación física de la tara. La displasia
de cadera, la criptorquidea o las anomalías dentales son
ejemplos de este determinismo, contra el cual es muy difícil
de luchar. La detección precoz resulta entonces muy eficaz.
Por Roy Robinson
Supresión de taras genéticas o anomalías:
Supongamos que se haya descubierto una anomalía en un semental,
línea de sangre o raza ¿Qué debe hacerse
para eliminarla? Los métodos que deben adoptarse para eliminar
el defecto dependerán de la forma en que éste es
transmitido.
Si se trata de un caracter dominante, la respuesta no ofrece paliativos:
abstenerse de hacer criar cualquier individuo que presente la
anomalía.
Cuando la anomalía es transmitida con caracter recesivo,
(ojos zarcos, caracter recesivo que generalmente está asociado
a la sordera) si impedimos que el animal afectado continúe
procreando, la anomalía no será eliminada inmediatamente
pero la incidencia disminuirá rápidamente, primero,
pero después persistirá en menor grado. En la primera
generación la anomalía se manifiesta en el 25% de
los descendientes, en la segunda generación, después
de aparear perros normales exclusivamente, la incidencia cae a
11%; en la tercera generación al 6% y así sucesivamente,
hasta que acabe (aunque no siempre) por desaparecer totalmente.
La única excepción que admite esa regla es cuando
la anomalía es trivial y el individuo sea excepcional en
otros aspectos . Entonces la decisión de dejarle procrear
será tomada a sabiendas que la anomalía será
transmitida al 50% aproximadamente de la descendencia. En esas
condiciones es obvio que para una anomalía incapacitante
o dolorosa para el animal no hay excepción a la regla.
Cuando las anomalías se deben a poligenes, el mejor remedio
es la selección. Por norma ningún individuo con
una anomalía debería poder reproducirse, por poco
afectado que se halle, En la práctica, solo los animales
más afectados son apartados, los casos benignos son tolerados,
especialmente si el perro es excelente en los demás rasgos.
Esto significa que la selección en contra de la anomalía
es menos intensa que lo que debiera, y que la eliminación
de la anomalía tomará más tiempo. La displasia
de cadera es un buen ejemplo de selección contra una anomalía
poligenicamente determinada. la selección no debe ser interrumpida
y el proceso de erradicación de la anomalía puede
necesitar muchas generaciones.
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